Me acerco confianzudo, seguro, jovial, rítmico, las saludo, y sin poder evitarlo, una visión inesperada, como oasis en el desierto, me arranca una sonrisa. Nos vemos por primera vez y nos presentan por vez primera -dichosa vez primera, primavera y juventud, flores y colores vivos, esperanza- y ríes dulcísima, displicente, hermosa, poesía de versos abstractos… Es mi mente, el todo y la nada, y mientras yace enajenada por una promesa de amor unilateral, te digo, con palabras mudas, sin querer queriendo, tú eres la adecuada. Y me alejo, cuando te alejas. Para ti, fue tan solo otro momento. Para mí, empieza un azul tormento.
Ya han pasado dos incoloras semanas, y ya se esfumó mi amor pueril por ti. Es ahora otro instante, otra música, otras bebidas, otro local. Bailó desinhibido, y mi fugaz pareja se siente más anfitriona que nunca. Y tú te balanceas siempre displicente frente a un hermano de lazo fraterno. Y llega el punto de quiebre de mi cordura. Me das un leve empujón, juguetón, “picarón”, caderón, y yo me dejo caer, alegre, impresionado. ¿Con que motivo lo hiciste? Aumenta el volumen de la música, pero en estos minutos que suceden a tu gesto asesino, yo soy sordo, ciego, loco, parapléjico, con perdón. Soy gota en el mar de la vida, de la vida después de la muerte que me acabas de dar. Estoy asombrado, confuso, ajeno, arítmico. Y me condena el entre telón de recuerdos azul-celestes: Tu pelo es hermoso, cascada de armonía, riachuelo de esperanza, curvilíneo de inocencia. Tus ojos, dos incendios del color del campo, y como aquel, puros, naturales, cariñosos, displicentes como siempre. Tu, tu, tu… tú cruzas en ese instante y busco resucitar en tu mirada. Evitas la mía cruelmente y muero un poco más, de color verde claro sabor a pisco con gaseosa.
Me fui con la mirada gacha, y el orgullo en las suelas de mis zapatillas, junto con un chicle que simboliza muy bien como me siento: pisado, masticado. Me han extraído el sabor y luego he sido escupido. Ahora yazco bajo mi propio calzado. La maldita frustración tañe campanas en mis sordos oídos, y las siento como un dolor de muelas. ¡Sé mi dentista! Líbrame de este dolor. ¡La desazón de querer no siendo amado! Y llego agotado, el corazón en el bolsillo, junto a las llaves, aplastado. Y busco consuelo en la que guarda mis secretos nocturnos. Y el corazón se reconcilia un instante con el pensamiento, cuando late de tu mirada, cuando el raciocinio se empeña a hacer sinapsis en tus mejillas. Mejillas que mis labios nunca llegaron a tocar. ¡Desolación!
Ya es otro día, otra música, pero ya no hay local, ya no hay anfitriona, ya no hay bebidas ni espuma ni curvas. Ya no hay presencia física, dolor mío, quizás nunca amor mío ¿Me sueñas como yo te sueño, me buscas en tu memoria como este tonto realista de puras palabras, romántico empedernido, te busca inadvertido? Y hoy cuando quise este corazón sobresaltar, traje a mi pecho el instante fotográfico, fotogénico, de tu risa. ¡Déjame beber de ella una vez más!
El sueño me vence, hace lo suyo la impotencia, y pido a tu recuerdo con decencia, aunque sea digno de reproche: ¡Quédate conmigo otra noche!...y me remuerde la conciencia.